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A 109 años de su natalicio

Miguel Otero Silva: influyente en el oficio de escribir y en lo político

Por su influencia en el ámbito literario, político y periodístico, su nombre aparece reiteradas veces en las páginas de la historia de Venezuela del siglo XX. El fundador del diario El Nacional, narrador y poeta, nació un día como hoy, en 1908

“Hay quienes escriben la historia, y hay quienes simplemente la hacen”. La frase pertenece al novelista, poeta y periodista Miguel Otero Silva. Hablaba en tercera persona y, al mismo tiempo, parecía referirse a sí mismo, porque a este hombre, que nació un día como hoy hace 109 años, se le atribuyen tantos méritos como si se tratara de un héroe intelectual.

 

Sus padres, don Henrique Otero Vizcarrondo y doña Mercedes Silva Pérez, quizá no alcanzaron a imaginar que le pequeño niño que se entretenía leyendo la Biblia en su natal Barcelona (Anzoátegui), se convertiría en uno de los escritores más respetados y en el activista político merecedor del Premio Lenin de la Paz 1979.

 

Su inquebrantable determinación como defensor de derechos civiles e ideales políticos, lo llevó a formar parte de la llamada Generación del 28, la misma que confrontó la dictadura de Juan Vicente Gómez e hizo lo propio con los regímenes de Eleazar López Contreras y Marcos Pérez Jiménez. Por eso, y por los años que permaneció en el exilio, su nombre aparece reiteradas veces en las páginas de la historia venezolana del siglo XX.

 

Pero nada haría callar al joven Miguel Otero Silva, quien dejó constancia de su defensa y ejercicio de la libertad de expresión con la fundación de los semanarios El Morrocoy Azul (1941, de corte satírico y humorístico) y Aquí Está (1942, de tendencia netamente política), que antecedieron al diario El Nacional (1943).

 

Ese espíritu también lo desbordaría sus novelas. Lo social, lo político y otras realidades de la Venezuela que le tocó vivir, están representados -en distinta medida- en sus libros, a saber: Fiebre (1939), Casas Muertas (1955), Oficina Nº 1 (1961), La muerte de Honorio (1963), Cuando quiero llorar no lloro (1970), Lope de Aguirre, príncipe de la libertad (1979) y La piedra que era Cristo (1985).

 

A la par, alimentó su quehacer poético manejando los mismos temas pero con mayor lírica. Agua y cauce: poemas revolucionarios (1937), 25 poemas (1942), Elegía coral a Andrés Eloy Blanco (1959), La Mar que es el Morir (1965), Las Celestiales (1965) y Umbral (1966), son sus poemarios, considerados trascendentales en este género literario.

 

El oficio de escribir era un asunto muy en serio, incluso parecía que no se permitía el descanso, porque además publicó los libros: México y la revolución mexicana: un escritor venezolano en la Unión Soviética (1966), Florencia: ciudad del hombre (1974), Ocho palabreos (1974), Obra humorística completa (1977), Prosa completa: opiniones sobre arte y política (1977), Un morrocoy en el infierno: humor... humor... humor (1982) y Escritos periodísticos (1998).

 

En todo caso, la obra completa de Miguel Otero Silva resulta fundamental para la literatura venezolana, tanto así que le valieron su incorporación como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Lengua y el Premio Nacional de Literatura 1956, precisamente por su novela Casas Muertas.

 

Y de su vida familiar, vale recordar que contrajo nupcias con María Teresa Castillo –notable promotora cultura, quien fue presidenta del Ateneo de Caracas–, con quien tuvo dos hijos, Mariana y Miguel Henrique, actual preside de El Nacional.

 

“Murió Miguel Otero Silva”. Este fue el titular principal de la edición del 28 de agosto de 1985, del diario que cofundó. Tenía 76 años de edad y seguía siendo un hombre influyente. La noticia de su fallecimiento causó conmoción en todos los ámbitos.

 


 

Autor Autor: Daniela Chirinos
Fecha Fecha: 05.10.2017