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Con su texto titulado "Tangólem"

Armando José Sequera ganó el Concurso de Microficción "Mosaico Argentino"

El jurado calificador otorgó el segundo lugar a Víctor Mosqueda. El veredicto de este certamen literario, que es auspiciado por la embajada de Argentina, fue leído al finalizar la VII Jornada de Microficción: De lector maxi a lector mini

El jurado calificador también anunció y leyó los textos de los 20 textos finalistas.

Un texto escrito por Armando José Sequera (@armandosequera) de 93 caracteres con espacio, llamado Tangólem y el microrrelato sin título de Víctor Mosqueda (@B1KT0R), se alzaron con el primero y segundo lugar, respectivamente, del Concurso de Microficción "Mosaico Argentino", auspiciado por la Embajada de la República de Argentina.

 

El veredicto fue anunciado este martes, al término de la VII Jornada de Microficción, realizada en el salón Juan Rulfo de la 18° Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc 2017), donde también anunciaron y leyeron los otros 20 textos finalistas. Ambos ganadores se encontraban en la sala, por lo que aprovecharon para leer sus microrrelatos.


El jurado calificador estuvo conformado por los especialistas en este género literario Geraudí González, Héctor Espinoza y Tomás Vizo, quienes resaltaron el importante valor literario y lingüístico de los textos presentados en este certamen, “todos de calidad comprobada”, tal como se lee en el veredicto.


Se trató de un certamen innovador, en el que los escritores debieron publicar sus textos en Twitter, utilizando la etiqueta #ArgFILUC, entre las 3:00 de la tarde y las 8:00 de la noche, del lunes 23 de octubre. Los temas de cada historia debía estar vinculados con la cultura argentina, a saber: el tango, el fútbol, el gaucho, la migración y la nostalgia.


En cuanto a la convocatoria, el jurado se mostró satisfecho por la amplia receptividad recibida en la primera edición de este certamen. De hecho, que durante las cinco horas que duró el concurso abierto, la etiqueta #ArgFILUC fue tendencia en Twitter.


Armando José Sequera postuló (tuiteó) tres microrrelatos, pero este fue el ganador: “#ArgFILUC TANGÓLEM En catorce lúcidas noches, Borges fabricó en sueños un hombre inmune al fuego y a los deseos. Víctor Mosqueda envió dos textos, él jurado se inclinó por este: Martín Fierro entra a un bar de Dublín atado a su caballo para resistir el influjo de las sirenas. Nadie teje para él en casa. #ArgFILUC”.


Los finalistas fueron: Gabriel Moncada (@gabrielmoncadab), Chela Yañez Vicentini (@chelayv), Jorge Galán (@segismun0), Inés González (@InesRGonzalez), Lenín Pérez Pérez (@leninperezperez), Yván Serra (@yvanserra), Liliana Camaray (@lilianaCMY), Elías Baptista (@eliasbaptista), Gabriel Figueredo (@gabrieleduardof), Yorman Mejías (@yormanmejias), alba Codutti (@albacodutti), Lilian Aguilar(@lilianexpresiva) y Carmen Elena Ochoa (@CalendulaM64).

 

VII Jornada de Microficción: Del lector maxi al lector mini


Son lectores de largo aliento que se convirtieron en escritores de microficción, género que en el que la capacidad de síntesis se pone a prueba y la delgada línea que lo separa de la poesía está muy cerca. Con estas palabras, Geraudí González, moderadora de la actividad, presentó a Tannia Maruja García, Yván Serra, José Luis Troconis, Ricardo Ramírez Requena, Elías Baptista, y Héctor Espinoza, panelistas de lujo de esta edición de narrativa breve.


Los seis expositores leyeron parte de sus trabajos y contaron por qué se adentraron en la faena de escribir Microficción. Yván Serra, comenzó la disertación. En su caso, se inmiscuyó en este género literario como consecuencia de la dinámica comunicacional global, es decir, “uno termina leyendo y escribiendo en 140 caracteres”, dijo. Al público le regaló siete obras de su autoría, uno de ellos titulado Apego.


José Luis Troconis tras confesar que no le gustan las etiquetas, de manera que no presta atención al nombre del género en que se desenvuelve. “Escribo porque quiero. Me sale escribir corto y esa separación entre la poesía y la microficción no la distingo, siento que es lo mismo, como cuando pinto: Lleno de cosas un lienzo en blanco”.


Leyó cinco microrrelatos, de los cuales uno está inspirado en el cuento Alicia en el país de las maravillas y otro en Julio Cortázar. “Así como intervengo los cuadros, ahora lo hago con textos, cuentos, historias, clásicos”.


Elías Baptista es un asiduo lector de sagas y forma parte de la generación donde seriados como Harry Potter y Narnia han dominado las preferencias de los lectores. Contó que llegó a la minificción con las fábulas de El loco de Khalil Gibran. En su intervención aprovechó para leer diez microrrelatos llenos de ironía, humor negro y sarcasmo, como El juguete que está incluido en su libro Urgencia del relato.


Tannia Maruja García llegó a la minificción través de la poesía. Por eso, reveló que, para ella, la línea divide a ambos géneros “siempre se le desdibuja”. Antes escribía textos versados, pero lo que más valora de los breves es –dijo- la capacidad de mutar que tienen, por lo sustancial y la exigencia de saber llegar al lector de hoy de manera más breve y profunda.


Al público lo deleitó con cinco microrrelatos escritos de manera continua, sin signos de puntuación, “las pausas las dan los espacios en blanco”, explicó. Es el caso de A veces sueño con cocodrilos, que forma parte de sus textos “incómodos” y Anillo, dedicado a su padre.


Un libro pequeño de Miguel Gomez fue al entrada de Ricardo Ramírez a la microficción, un género que aseguró siempre despierta desconfianza en los lectores al punto que algunos no lo consideran literatura. “Pero Violeta Rojo y otros críticos te ponen el piso teórico que lo fundamenta”.


Hace 10 años encontró su espacio en los blogs, de ahí pasó a redes sociales como Facebook y Twitter, que le incentivaron a escribir textos breves. Para él la Microficción es hija del escepticismo y la ironía, es un género, serio moderno y muy difícil de dominar -“más que la novela”, dijo- porque cada palabra cuenta. Leyó tres textos titulados El otro Cervantes, No todos moriremos y Octavio Paz.


De niño, el padre de Héctor Espinoza, tenía la rutina de leerle a él y su hermano, pasajes de la Biblia como si fuese una novela. A ese hecho le atribuye el acercamiento más remoto al microrrelato, porque cada versículo, si se quiere, es un texto breve. De sus trabajos escogió tres para leerlos al público, a saber: La seño, ¿Derrota? y Las dudas.


La Jornada de Microficción terminó con la invitación de sus organizadores al público aficionado a este género, para que el año que viene los acompañen en una nueva edición.


 

Autor Autor: Daniela Chirinos
Fecha Fecha: 31.10.2017